EN EL DÍA DE LA MADRE

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Mañana es el Día de la Madre. Felicitaciones van, felicitaciones vienen. Abrazos, regalos, invitaciones. Cada año es lo mismo. Bueno, pero yo no tengo ganas de felicitar a nadie, no estoy de humor y además no hay motivo. Me explicaré.

Por ejemplo, no voy a felicitar a las madres que pegan a sus hijos, que los golpean con la excusa de la disciplina. Que les dicen cosas humillantes como “parásito” o “inútil”. Ser madre no es gritar, golpear ni abusar. ¿No les da vergüenza usar su fuerza contra seres pequeños? ¿No sienten dolor al usar látigos y correas contra un cuerpo débil? Si por mí fuera, enviaría a todas esas mujeres al calabozo para que aprendan.

Tampoco voy a felicitar a esas madres que sólo son sirvientas de sus hijos hombres. Que les cocinan, lavan su ropa y limpian su cuarto cada día. Que no les enseñan a ser responsables desde niños, que no les dicen claramente que los errores tienen consecuencias. Que les permiten desde púberes salir a la calle y volver al amanecer para dormir todo el día. Muy cómoda es esa posición de sirvienta, así cualquiera. Educar es otra cosa, es un desafío que sólo las valientes toman.

Definitivamente no felicitaré a las madres machistas que siguen con enseñanzas propias de siglos atrás. Que siguen con la tontería de que “la mujer es para la casa y el hombre es para la calle”. Que siguen con la canción de que “el hombre va hasta donde la mujer lo permite” y demás sandeces. Algunas madres se quedaron viviendo en los tiempos de sus bisabuelas y no se dan cuenta que los tiempos actuales exigen cambios en la conducta porque el modelo que siguen no funciona.

Mi felicitación no va para esas madres que educan a sus hijas sólo para ser madres sufridas y no les permiten cumplir sus aspiraciones. Que les dicen que deben pasar su vida perdonando infidelidades y llorando porque así es la vida. Que las reprenden porque leen un libro y que les imponen matrimonios prematuros. La madre de verdad incentiva a su hija a volar alto y la acompaña en ese esfuerzo. La educación machista no ha dado resultado, sólo ha causado lágrimas y amargura.

Tarjetas, regalos, propagandas. Todos los años la misma historia. Urge un viraje, una meditación profunda para ver qué ha ido mal. Ser madre es un desafío que muy pocas mujeres están enfrentando: dar al mundo mejores seres humanos, seres con más sensibilidad y optimismo. Un adulto renegado y resentido es producto de una mala niñez. Las madres tienen que estar a la altura y no pensar que por cocinar, lavar y limpiar ya todo está hecho. Te equivocas, no es así.

Escrito por: Sonia S. Manrique Collado

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