QUE MUERAN LOS NIÑOS PALESTINOS

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Marchaste contra el aborto, decías que luchabas por la vida. “¿Qué culpa tiene el pobre niño?”, llorabas. “¡No al asesinato de niños!”, gritabas. “Lucho contra el genocidio de seres indefensos”, proclamaste con cara de santidad. Ni siquiera considerabas el hecho de que la madre estuviera en peligro de muerte. “No señor, yo estoy a favor de la vida”. La vida, he escuchado tantas veces esa palabra. ¿A qué vida te referías? Porque en estos días no te interesa para nada la vida de 541 niños palestinos, muchos de ellos bebés y recién nacidos. Durante el ataque del ejército israelí a la franja de Gaza, has festejado y te has alegrado de los muertos palestinos. Cuando se te dijo que habían muerto niños respondiste como si tal cosa: “Es que los usan de escudos humanos”.

Pero ahora ya mostraste tu verdadera cara. Dices que tienen que morir porque cuando crezcan serán terroristas. ¿Dónde está el amor por la vida que mostrabas por calles y plazas con tu cartelito? No sólo eso. Ahora, aprovechándote de lo que hacen los terroristas de ISIS en Irak, te mandas contra toda la población de esa zona y dices que tienen que morir porque son unos salvajes. No quieres escuchar cuando te dicen que son terroristas los que atacan. “No, no, todos son iguales”, dices alegremente. “Esa gente es una lacra”, dices. No te duele para nada el genocidio que está ocurriendo en Irak. Tú sólo piensas en Israel. Tu pastor te ha dicho que si apoyas al gobierno de Israel, tienes pasaporte derechito al cielo, así que estás haciendo méritos. Ya te olvidaste que defendías niños antes de nacer, ya te olvidaste que los amabas. ¿O es que nunca los amaste? No, no es una sorpresa. Siempre lo supe, se notaba en tus ojos furiosos, en tu forma baja de atacar, en tu incomprensión a la desesperación de tantas mujeres.

Y el odio a los homosexuales es otra nota. “Ay, qué horribles los gays”, “ay, qué asco me dan”, “ay, no les quiero dejar este mundo a mis hijos”. Ajá, te dan asco los homosexuales pero no te da asco la guerra y la muerte. Ahora sonríes mientras comes tu popcorn y alabas a Dios porque te han dicho que desvió un misil de Hamás hacia el mar. “¡Milagro, milagro!”, gritas con emoción. Alabado sea el Señor. ¿Los cristianos de Irak? Poco te importan. ¿Los yazidíes? ¿Quiénes son esos? Lo único que sabes es que hay que matarlos a todos, niños también por supuesto. ¿Acaso no ve usted que son una amenaza para la civilización occidental? Oiga usted, no apoye a terroristas. ¿Por qué apoya a terroristas, ah? Qué pobre ser humano eres, no entiendes nada. O no te conviene entender.

Anda pues, a seguir luchando por la vida con tu cartelito de “¡no al aborto!”, mientras te alegras y deseas que más niños palestinos sigan muriendo. Mientras sueñas con el día cuando todos los árabes sean exterminados porque son unos “salvajes”. Oh, algo más, algunos ateos están a punto de creer en Dios, así dicen. ¿Y por qué? Porque han visto como Dios apoya a su “pueblo elegido”. Falsos, deshonestos, mentirosos. Quieren dirigir al rebaño, engañarlo con cuentos fantásticos, se aprovechan de la fe de gente sin conocimiento y ansiosa de creer en algo. Así estamos por estos lares.

Escrito por: Sonia S. Manrique Collado

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